miércoles, 19 de agosto de 2015

1996 - Desperado - Bloodied but Unbowed


El 12 de octubre de 1987 Dee Snider anunció la separación de Twisted Sister.
Hacía tiempo que buscaba su propio camino. De hecho, su último disco, “Love is for Suckers”, ya había sido inicialmente pensado como el primer disco en solitario de un Snider con ganas de explorar otros terrenos, pero la discográfica presionó para que apareciera bajo el nombre de su grupo. Dee era uno de los frontmen más carismáticos de la escena, pero Twisted Sister funcionaba mucho mejor como marca consolidada. Hasta que quebró.

Dado el paso, en 1988 Dee Snider reclutó al que fuera batería de Iron Maiden Clive Burr, al guitar hero Bernie Tormé (quien además de tener una sólida carrera en solitario, también era conocido por su trabajo en Gillan) y al bajista Marc Russell. Con este equipo se lanzó de cabeza a por el hard rock que había explorado en “Love is for Suckers”, esta vez de una manera más decidida y tocando las raíces más auténticas del género.
Hay que decir, eso sí, que aunque se evidenciara ese mayor gusto por el hard rock americano más clásico y tuvieran una orientación más “seria” que Twisted Sister, especialmente en las letras, muchos de los temas que en 1990 tenía preparados la dupla que tomó el mando en la composición (Dee y Tormé) eran fácilmente asociables al estilo de la banda madre de Snider.

Pero esto no era tampoco lo que querían las discográficas, deseosas de abanderar un giro musical acorde con la nueva moda de los primeros 90s.
En un callejón sin salida y harto de los problemas con las discográficas, Snider dio el grupo por separado a principios de década sin haber publicado finalmente nada. Con un buen listado de temas ya grabado y a punto, el disco no llegó a salir oficialmente, pero los temas empezaron a circular y adquirieron fama de trabajo “de culto”.
Tanto, que la pequeña Destroyer Records se decidió a lanzarlos en 1996 bajo el nombre de “Bloodied and Unbowed”. Ya totalmente fuera de su época y con el panorama hardrockero casi desaparecido, Desperado estaba sentenciado a tener mínima relevancia comercial.
De hecho, para entonces Dee Snider ya había tenido tiempo de volverlo a intentar con no mucha más suerte en otro proyecto en el que mantendría al bajista Marc Russell, Widowmaker, y de iniciar otra aventura más con una especie de banda tributo a su propia carrera, los Dee Snider's SMFs.

Pero volviendo a Desperado, sus temas siguieron generando interés, hasta el punto que la mayor Angel Air Records se hizo con los derechos y volvió a lanzar el disco en 2006 rebautizado como “Ace”, remasterizado y con algún ajuste en el track list.

Tal y como se publicó por primera vez en 1996, el debut y único trabajo de Desperado contenía estos temas:
  1. "Hang 'Em High" - 4:51
  2. "Gone Bad" - 3:44
  3. "The Maverick" - 5:06
  4. "The Heart Is a Lonely Hunter" - 7:11
  5. "Calling for You" - 4:54
  6. "See You at Sunrise" - 5:53
  7. "There's No Angels Here" - 4:54
  8. "Made for Trouble" - 3:45
  9. "Ride Thru the Storm" - 4:30
  10. "Son of a Gun" - 5:34
  11. "Emaheevol" - 4:25
  12. "Easy Action" - 3:52
  13. "Heart of Saturday Night" - 3:53
A pesar de su mala suerte, valían mucho la pena. Dan para especular con qué podría haber sido de este grupo si hubiera podido tener continuidad. Y por supuesto, para pasar un buen rato escuchando buena música. Recordémosla:


jueves, 10 de abril de 2014

1994 - Testament - Low


Situémonos. Primeros años de la década de los 90’s y las cosas están cambiando a toda mecha en el panorama musical, también para el thrash metal. Los años dorados del género parecen acabados e incluso los más grandes se mueven hacia otros terrenos. Metallica (sí, a nadie se le escapa que es la gran referencia para Testament) ha bajado revoluciones y apuesta ahora por temas de sonido más denso pero a la vez accesible. Y Testament acepta el reto. “The Ritual” se mete en la liga del famoso “Black Album” o de “Countdown to Extiction”, y sale escaldado.

No musicalmente, claro. A nivel de composición encaja perfectamente en esa nueva “manera” de entender el estilo, y el nivel general –aunque eso sea algo más subjetivo- raya también en la excelencia.  Pero sin el Bob Rock de turno, la producción queda muy lejos de reforzar la propuesta, y el resultado cae por debajo de lo que podía haber sido. Tampoco hay apuestas fuertes de las disqueras detrás. Y todo eso es demasiada diferencia. Comercialmente, pues, y a pesar de conseguir la mejor entrada hasta la fecha de un disco del grupo en las listas de ventas, sí que sale escaldado. Además, el disco queda pronto en el olvido, por debajo incluso de los anteriores.
Así que la banda se queda sin lo que compensa el hecho de que una parte de los viejos fans los tachen de “vendidos”: el éxito.
No nos engañemos. Eso (que el sector más duro de los viejos seguidores renunciara a ellos) es algo casi inevitable con los años, y también les pasaba en la misma época a Metallica y Megadeth. Pero tenían tantos nuevos seguidores que perder a unos pocos no importaba mucho. Y para Testament no era lo mismo. Así que el siguiente paso había que pensarlo mucho. Y no estaba el horno para bollos entre estos músicos.

Dos pesos pesados de la banda, Louie Clemente y Alex Skolnick, salen del grupo. Otro golpe duro, sobre todo teniendo en cuenta que Skolnick era algo así como la estrella, el “guitar hero” al que admiraban todos sus seguidores. Pero a él le parecía que la “marca Testament” encasillaba sus habilidades en unos registros en los que no podía expresarse completamente, y vio ahí un buen momento para probar fortuna fuera. Pasó por Savatage y otros proyectos todavía más “lejanos” en los años siguientes.

El baile de músicos para reemplazarlos es caótico. Glen Alvelais y Paul Bostaph llegan desde Forbidden y abandonan el barco en un suspiro. De Exodus llega John Tempesta para hacerse cargo de la batería, y para la guitarra se recurre a un trotamundos de la nueva escena extrema como James Murphy, que en pocos años había pasado por Cancer, Death y Obituary. Y aquí tampoco duraría mucho, no. De hecho, los dos nuevos no se habían quitado la etiqueta de miembros temporales cuando ya abandonaban Testament, seguidos del bajista fundador Greg Christian. Pero al menos dejan un buen recuerdo grabando un disco que, en el fondo, parece una apuesta personal del que entonces se descubría como núcleo duro y estable del grupo: el guitarra Eric Peterson y el vocalista Chuck Billy. Y Billy, por fin, se luce.
Desde hacía años se venía postulando como uno de los mejores vocalistas de la escena thrash. En “Low” se confirma, quizá, como el mejor.

Pero antes de eso, volvamos a la “apuesta” que se comentaba repasando las opciones:
Seguir la senda de “The Ritual” podría dar por fin un “Black Album” o un “Youthanasia”, pero esa vía parecía segada demasiado radicalmente sin un apoyo comercial. Volver a su thrash clásico podía ser más seguro musicalmente, pero en 1994 eso ya parecía un suicidio seguro, el golpe de gracia a un grupo que agonizaba.  Por otro lado, Pantera parecía estar abriendo un camino nuevo, los 90s empezaban a coger personalidad y también la escena extrema se estaba asentando, aunque mucho más lejos de la primera línea de lo que le correspondería como heredera de un thrash que llegó a tener cierto peso.

Billy y Peterson debieron pensar... “de perdidos al río”. Y se tiraron de cabeza.
Sin olvidar la herencia de lo anterior, eso sí, porque no abandonan ese tempo algo más lento, ese estilo más denso. Pero en lugar de hacerlo comercial, lo refuerzan con algo de ese aire “groove” tan de los 90, otro tanto de esa violencia tan de los Pantera de la época, y un toque (sólo un toque) de oscuro y potente death metal. Ah, y con una producción que, ahora sí, hace justicia.
El resultado, aunque se siga pudiendo etiquetar como “thrash” y mantenga claras sus influencias de siempre, está casi tan cerca de un “Vulgar Display of Power” (o más) como de su clásico “The New World Order”, y no sólo da cuerda al grupo para mantenerse vivo empezando una segunda era. Lo engrandece ante los fans por la demostración de personalidad al margen, ahora sí, de lo que hacían ya los antiguos gigantes del thrash.


En esas aguas tan diversas, Billy emerge gigante. Luce cantando a la manera más clásica del thrash/heavy, se siente cómodo en lo más melódico de la única balada del disco, y brilla incluso en lo más agresivo y con su nuevo registro gutural. Firma, además, casi todas las composiciones junto a Peterson.
Sin Skolnick, es más un disco de riffs demoledores que de solos imposibles o demás virguerías guitarreras. Pero funciona dentro de ese espíritu de la nueva época.
Una buena acogida por parte de crítica y público, e incluso un videoclip (por cierto muy en el estilo noventero, hecho para el del tema homónimo) que rueda bastante por la MTV hacen el resto.
Si hasta entonces estaban en esa segunda línea del thrash que se movía tras la popularidad de los cuatro grandes, desde entonces su nombre se agiganta para los amantes del género y pasa por delante de algunos de ellos.
Merecido lo tenían.

martes, 22 de octubre de 2013

1978 - Asfalto - Asfalto


Tras seis años de trabajo, de idas,  venidas y cambios en la formación, de cambios también en las disqueras, e incluso de primeras experiencias en la grabación (aunque no fueran  otra cosa sino un tributo a los Beatles), Asfalto por fin conseguía una propuesta firme para lanzar su debut. 
Un difícil camino en aquel tiempo de cambio que fue la transición. Pero el resultado merecía la pena, como si todas esas vivencias quedaran incrustadas en la música, y la vida en la España de mediados de los 70s tuviera que quedar plasmada para siempre en sus canciones.

Y vaya si lo hizo. El desencanto por unos tiempos tan largamente esperados, la asfixia por el crecimiento del Madrid obrero de la época, el hastío de la rutina, el deseo de una vida más sencilla y el recuerdo de la opresión encuentran su espacio dentro un disco que es casi una crónica de la época. 
De una manera extraña, a la vez emotiva y poética, pero también muy agarrada a la vida banal de la clase obrera y a sus referentes populares. Pero con un carácter muy reconocible, entonces novedoso, que más tarde desarrollarían –de una manera más agresiva- los dos gigantes del rock duro en España que tras la estela de Asfalto estaban por llegar.

Los primeros en grabar para los históricos Chapa Discos, consiguieron juntar un buen puñado de canciones que han pasado a la historia del rock de este país, siendo varias de este primer trabajo algunas de las más reconocidas de su discografía.
Estos fueron los temas:

1. Ya está bien. Una manera estupenda de comenzar un disco: con el tema más directo y contundente, y marcando estilo para los grupos que estaban por llegar. Y para las letras, un relato del duro camino del músico de rock en aquel momento.

2. Capitán trueno. Se dice que es uno de los primeros temas de ese género tan “nuestro” que es el rock urbano, y además una de sus grandes banderas. Esto es, claro, por la denuncia social que hacen las letras, aunque sea de una manera tan inocente como invocar a un héroe del cómic para que arregle nuestras vergüenzas. De cualquier manera, es un tema de gran carisma y personalidad, en buena parte por la aportación de esa flauta que da un toque “folk” o incluso “prog” a su sonido. Una de sus canciones más conocidas y un éxito de la época.

3. Ser urbano. Guitarras dobladas al más puro estilo setentero de unos UFO o Thin Lizzy, y un tema de mayor peso hardrockero que el anterior, si bien se mueve por terrenos parecidos. Esta vez la denuncia, de nuevo de manera muy simbólica y original, se hace del crecimiento de las ciudades como masas de asfalto y obreros alienados. Algo muy recurrente en el rock de esos años.

4. Días de escuela. La auténtica maravilla del disco. Uno de sus temas más dinámicos, más por esa espectacular base rítmica que por un sonido general que es mucho más técnico y emotivo que duro. Las penurias de la escuela de la España Franquista resumidas en una canción que inevitablemente queda para el recuerdo.

5. Todos los días. Con el listón tan alto, y en vísperas del tema más desarrollado del disco, “Todos los días” se convierte en un puente ligerito que bien agradece el trabajo.

6. Quiero irme (La huída). Y turno para el tema más largo, trabajado, y próximo al hard rock de tintes progresivos de unos Rush. De nuevo uno de los puntos más altos del disco.

7. Rocinante. Otro de sus temas más conocidos. En un ambiente nostálgico y altamente emotivo, como de balada de aire sinfónico, el narrador llega al lugar donde han quedado olvidadas todas las cosas que ya no existen en la caótica sociedad del momento, y entre ellas Rocinante, símbolo a la vez de la naturaleza (abandonada “por un tractor”) y las ilusiones de los “Don Quijotes” que han acabado sucumbiendo. El abandono de la realidad como solución para nuestras penurias, a la curiosa “manera Asfalto”. 

8. La isla del amor. El disco ha girado hacia lo más tranquilo, y es buen momento para encajar la vieja y alegre influencia de los Beatles. 

9. El emigrante. Y estando ya en estos terrenos, un cierre tranquilo nunca viene mal para aumentar las ganas de pinchar de nuevo un disco tan variado como interesante.

Sin embargo, el hecho de que no consiguieran establecer una dirección clara (como parece evidente si comparamos el heavy rock de “Ya está bien”, muy en la línea de lo que en pocos años haría famosos a Barón Rojo, con esa “beatleliana ” “La Isla del Amor”, o con los varios momentos de influencia sinfónica o progresiva) reavivó las discusiones en el seno del grupo, que tras el lanzamiento acabaron con una separación que nos dejaría a unos remodelados Asfalto grabando rápidamente el siguiente “Al otro lado” y a los nuevos Topo, nacidos de la escisión, corriendo a hacer competencia con su debut.

Sea como sea, “Asfalto” (el disco) quedó atrás como un pedazo importantísimo de la Historia del Rock  en España, y como tal conviene recordarlo.

lunes, 17 de junio de 2013

1982 - Blue Öyster Cult - Extraterrestrial Live


Hubo una época, aquella transición hacia los 80s que tan importante fue en la evolución del rock duro, en la que los grandes grupos de los 70s fueron cerrando sus etapas de gloria. En algunos casos, para empezar otras, pero siempre dejando atrás una parte del sonido de esa década en la que se coronaron, y casi siempre con grandes discos en directo que recogían el mejor material de aquellos años.
Los “hijos” de Deep Purple lo hicieron (Rainbow con “On Stage” y Whitesnake con “Live... in the Heart of the City”), Thin Lizzy hizo lo propio, KISS nos regaló su “Alive II” y Scorpions o Judas Priest cumplieron con su parte “en el Este”, todos ellos entre el ’77 y el ’80, y todos dejando algunos de los mejores trabajos en directo que haya dado esta música.

Blue Öyster Cult, el gran “dinosaurio” americano, que había sido uno de los primeros en llegar, puso también fin a estos años de cambio con su broche en vivo en el ‘82.

En su caso, además, el sentimiento de “final de una era” fue todavía mayor. Porque los de Nueva York rompían en esta gira, la de “Fire of Unknow Origin”, una alineación original que había permanecido inalterable más de una década. Y porque, al pasar los años, se ha visto que también dejaban atrás su mejor época en lo musical.
Vendrían otros muchos buenos discos, y otros estilos llegarían para enriquecer su propuesta. Pero difícilmente se puede discutir que lo más brillante de su producción quedó allí.

Eso sí, si se trataba de cerrar su etapa de gloria, “Extratrerrestial Live” lo hizo por todo lo alto.
Quizá sin lucir una grabación fantástica, con un sonido sin retocar, pero de una manera poderosa, honesta, haciendo participar al público, estirando o modificando las versiones de estudio, adornándolas con “jams” y solos y, en definitiva, poniendo de la mejor manera posible ese “añadido” que debe tener un disco en directo.

“Extraterrestrial Live” no era su primer disco de este tipo, pero ese “algo especial” que tenía el momento lo encumbró a nuevas cotas, y se hizo notar incluso en el repertorio. Y es que cada uno de los 8 discos de estudio anteriores, los 8 de la formación original, se vio representado al menos por un tema, lo que en un disco de 13 cortes es algo que parece consciente y significativo. Qué mejor manera de cerrar una etapa que con algo parecido a un “grandes éxitos” en directo.
A cada fan “le faltará” su tema especial (yo hubiera añadido “Flaming Telepaths” o “Astronomy”), pero aunque BÖC es un grupo que se ha prodigado mucho en los directos, para la mayoría éste es el de mejor repertorio. Y con todo lo anterior, eso lo convierte en un clásico imprescindible para sus seguidores, y una inmejorable manera de empezar a conocerlos para los que todavía no lo sean.

De los 13 temas,  11 salen de la famosa gira de “Fire of Unknown Origin” (y eso explica que sea el disco más representado, con 3, en el track list), a mitad de la cual fue expulsado Albert Bouchard, batería original del grupo y hombre importante también en la composición. Se sabe que en esa época tenía ciertos problemas “personales” que lo llevaron a presentarse tarde en varios de los conciertos de la gira, llegando incluso en 2 ocasiones a comenzar el grupo la actuación con el “roadie” Rick Downey, y añadiéndose Bouchard a medio show. La gira acabó con Downey como batería oficial de BÖC y Albert Bouchard centrándose en solitario en el proyecto que hubiera querido para un grupo (la ópera rock “Imaginos”) que viraría hacia otros terrenos algo más “comerciales”, pero que sin embargo acabaría publicándose años más tarde con la participación y bajo el nombre de Blue Öyster Cult.
En esos 11 temas podemos escuchar a Downey a la batería. Pero BÖC quiso mantener la presencia de Bouchard en el lanzamiento, y los otros dos fueron extraídos de la gira inmediatamente anterior, la que realizaron junto a los Black Sabbath del “Heaven and Hell” en el ya mítico “Black And Blue Tour” y que había sido grabada para un lanzamiento en VHS.

La cosa, pues, quedó como sigue:

  1. “Dominance and Submission”. Grabado en NY en 1980, es uno de los dos temas en los que estuvo Albert Bouchard. Único representante de “Secret Treatries”, que sin embargo es uno de sus trabajos más reconocidos, sirve para abrir de una manera poderosa el disco. Impagable la aportación del público gritando algo tan bizarro como “Dominance! Submission!”.

  1. “Cities On Flame with Rock and Roll”. El gran clásico del disco debut abre la lista de canciones grabadas en 1981 ya con Downey en la batería. De nuevo, único representante de su disco.

  1. “Dr. Music”. Y lo mismo se puede decir de “Dr. Music” respecto a su disco “Mirrors”. El cambio de registro entre su debut y este disco de finales de los 70s es notable, y con esto el directo va añadiendo diferentes texturas. Como la anterior, grabada en diciembre del 1981, durante el final de la gira.

  1. “The Red And The Black”. Primer tema grabado en el show al que pertenecen la mayoría de los siguientes, histórico concierto de octubre del ’81 en Hollywood que fue también grabado en video. Y primero de los dos representantes de “Tyranny and Mutation” que, cómo no, aporta parte de lo más potente disco.

  1. “Joan Crawford”. El primero de los temas de “Fire of Unknown Origin” sigue añadiendo registros a base de piano y preciosas melodías.

  1. “Burning for You”. Y si hay que presentar a “Fire of Unknown Origin”, qué mejor que su hit single.

  1. “Roadhouse Blues”. Blue Öyster Cult siempre fue uno de esos grupos a los que les gusta añadir algún “cover” a sus directos. “Born To Be Wild”, por ejemplo, se había convertido ya en un “bis” clásico para sus actuaciones. Pero en 1981 Robby Krieger, guitarrista original de los entonces ya extintos The Doors, se hallaba en una época de búsqueda de diversos proyectos, y colaboró en repetidas ocasiones con BÖC añadiendo su guitarra en directo, como en este caso, y posteriormente también en estudio. Y para presentar a Krieger, claro, qué mejor que tocar el “Roadhouse Blues” de The Doors. Fenomenal actuación de todo el grupo, por cierto, y especialmente la de Eric Bloom, de la que hubiera estado más que orgulloso el mismísimo Jim Morrison.

  1. “Black Blade”. Originalmente lanzado como doble directo, ésta era la apertura del segundo disco. Y como en el primero, se insertó para empezar un corte anterior con Albert Bouchard a la batería. En este caso, el único tema de “Cultosaurus Erectus”.

  1. “Hot Rails to Hell”. De vuelta a 1981, a Rick Downey, y a “Tyranny and Mutation”.

  1. “Godzilla”. Y turno para “Spectres”, que aporta sólo su tema “franquicia”. Inevitable en sus directos y espectacular en aquella época, en la que una reconstrucción gigante del monstruo aparecía sobre el escenario escupiendo humo y luces.

  1. “Veteran of the Psychic Wars”. El tercer y último tema de “Fire of Unkown Origin” es uno de los momentos más celebrados del disco. Si en todo lo anterior el grupo ya había demostrado su pericia con los instrumentos, el solo con el que Buck Dharma adorna en directo a este colosal tema ha sido reconocido siempre por la crítica y los fans como uno de los mejores que se hayan grabado nunca en los más clásicos directos de la historia del rock duro. Una demostración más de uno de los mejores guitarristas del género, aunque sea sin embargo uno de los menos populares de las “grandes ligas”.


  1. “E.T.I. (Extra Terrestrial Intelligence)”. Y después del momento mágico del disco, aguarda la traca final con los dos temas de su celebrado “Agents of Fortune”, habituales para el final de su repertorio. Primero el que da nombre a disco.

  1. “(Don’t Fear) The Reaper”. Y por último el que es posiblemente su tema más conocido y su single de mayor éxito, siempre cerrando con ese halo de misterio sus actuaciones.

viernes, 7 de junio de 2013

1983 - Blue Öyster Cult - The Revölution By Night


Cada uno de los ocho discos de estudio que Blue Öyster Cult publicó antes de la primera ruptura de su formación original, aunque muy especialmente los cuatro primeros y el último de esa etapa, tiene seguidores que lo consideran lo mejor de su discografía. La mayoría están de acuerdo, eso sí, en que los inmediatamente posteriores a esa ruptura son los peores.
La explicación de esta extendida sensación, centrada en “The Revölution by Night”, puede parecer tan sencilla como exagerada.

Para empezar, es el primer disco sin la formación original al completo, que había aguantado toda una década de reconocimiento. Y ya sabemos que los cambios de formación suelen traer polémicas.
El éxito de “Fire of Unknown Origin”, encabezado por el de su hit-single “Burning for You” y rotundamente coronado por el de su posterior gira, recogida en el impresionante “Extratrerrestial Live”, podía llevar a pensar en una nueva era comercialmente dorada para el grupo, que había que aprovechar. Y con la música de grupos como Foreigner, Survivor o Reo Speedwagon reluciendo entre el mainstream americano, esa podía ser una línea a seguir que no estaba del todo lejos de algunos de los muchos registros ya lucidos por la banda de New York.
Albert Bouchard, batería original, salió del grupo durante la mastodóntica gira de “Fire Of Unknown Origin”, y decidió ir por otros caminos de carácter más complejo, embarcándose en la idea de una ópera rock que, a la postre, acabaría publicándose años más tarde bajo el nombre de su banda madre. Rick Downey, presentado en la gira que recoge “Extratrerrestial Live” y por primera vez músico de estudio para BÖC en “The Revölution by Night”, fue su sustituto, empezando así una dinámica que seguiría con el teclista Allen Lanier fuera del grupo poco después de su publicación. Y si en esto ya hay una parte de justificación para los más críticos, la segunda parte es todavía más recurrente para este tipo de casos: el famoso “cambio de estilo”.

En el caso de Blue Öyster Cult, hablar de un cambio de estilo es algo bastante complicado. Está claro que “Tyranny & Mutation” tiene poco que ver con “Fire Of Unkown Origin”, si de etiquetas musicales se trata, y ambos son trabajos de gran reputación. Que desde “Secret Treaties” habían ido evolucionando hacia una manera más personal, a la vez comercial y rica en matices de entender el rock duro es algo evidente, y sabemos que habían sido capaces, incluso en un mismo disco, de dar cabida al hard/heavy rock más rocoso, el pop rock más atmosférico o el rock de tintes progresivos e influencia jazz. Que en este momento incluyeran el rock melódico del mainstream entre su amplia lista de recursos tampoco parece algo especialmente reseñable, así que puede que haya que entender parte del rechazo a que, eso sí, el resultado (con ese barniz que restringe parte de su creatividad) parece algo menos "suyo" que su material anterior, además de menos variado.



En realidad, temas como “Take Me Away”, “Feel The Thunder” (estas dos en un registro muy del Eric Bloom de siempre), “Veins” o “Dragon Lady” (otras dos en el más clásico de Buck Dharma), no se habían movido mucho de esa propuesta personal sobre la que venían variando desde “Secret Treaties”, aunque se pueda decir (y quizá aquí está el punto) que “Take Me Away” no llegue a la brillantez de un “E.T.I”, o que “Dragon Lady” ya no sorprenda tanto como “Tattoo Vampire”, por comparar con clásicos anteriores de carácter similar. Pero no por eso dejan de ser grandísimos temas. Incluso “Light Years of Love” encajaría entre los momentos más relajados de “Spectres”, recordando a “Celestial the Queen”. Y con estos y otros, es fácil encontrar una mayoría de cortes que perfectamente pudieran tener cabida, por estilo y nivel, en otros momentos de su discografía. Lo que puede que falte es alguno de esos bombazos que siempre habían tenido sus discos. Porque ni siquiera en las letras (de nuevo con la ciencia ficción como tema recurrente) hay excesivos cambios. En algo relacionado con esto, eso sí, se centran algunas de las críticas más feroces, ya que la sarta de tópicos rockeros que proclama “Let Go” suele reprocharse duramente a quienes habían sido incluso capaces de resultar elegantes hablando de contactos con alienígenas.

Por otro lado, los temas que sí muestran claramente esa nueva vocación AOR (“Eyes on Fire” y “Shooting Shark”, especialmente) resultan casi impecables en este registro, por mucho que abandonen parte de la fuerte personalidad de BÖC. Y lo dicho, no dejan de ser unos pocos momentos que pueden dar otras texturas al disco, resultando algo distinto del siguiente "Club Ninja", que se centró precisamente en estos registros.

Así que, en resumen, más que resultar especialmente lejano en sonido, la “diferencia” (para bien o para mal) en “The Revölution by Night” la marca el “encorsetamiento”. O, por decirlo de otra manera, esa contención dentro de unos parámetros menos flexibles que permitan momentos más espectaculares. Y esa sensación de "modestia" no impide, claro, que resulte un disco muy disfrutable, divertido e incluso más homogéneo, sabiendo que esto último es algo que algunos de los “no muy seguidores” del grupo echan en falta en sus discos clásicos.